Cómo Entender la Política

Por Howard Richards:


La tesis que hoy la política es imposible, o –dicho de una manera menos escueta– que los objetivos que la política se propone sean inalcanzables, es hasta aquí todavía más una provocación que una hipótesis. Para desarrollar aquella tesis en una forma atendible, tengo que asignar significados a las palabras “política” e “imposible.” Solamente cuando haya una claridad conceptual sobre lo que la tesis afirma y sobre lo que la tesis niega será procedente aducir razones por crearla o por no crearla.

“Cómo Entender la Política” Ver/Descargar

Un Debate Mal Enfocado

(un borrador escrito rápidamente)
Por Howard Richards


 

Confech y otras organizaciones exigen gratuidad en la educación.  El gobierno promete entregarlo eventualmente después de largos años de demora.  Promete financiarlo con nuevos impuestos, especialmente impuestos a las empresas y a las personas con mayores ingresos.

La derecha se opone tenazmente.  No tiene mayoría electoral por el momento, pero tiene el poder económico.  Es reacio a pagar los impuestos necesarios para financiar la gratuidad.  Va a detener el crecimiento de la economía.  Ya lo está haciendo.  A nivel global el precio de cobre y otros commodities ha caído y no se vislumbra recuperación de aquellos precios.  Más bien se vislumbra un retroceso general de la economía global, liderado por economías con deuda soberana impagable como las son Japón, Estados Unidos, y gran parte de Europa, y los que dependen de la exportación de petróleo y/o otros commodities.

La economía chilena iba a decaer en todo caso por el precio adverso del cobre y el descenso general de la economía global.   Con más razón va a decaer si su elite económica quiere ejercer presión contra las reformas (educativa, laboral, tributaria, constitucional).   El retroceso de la economía produce normalmente un incremento de la delincuencia y en general el descontento de la población.  Los conflictos específicamente en la educación producen una retirada de los alumnos de las escuelas conflictivas hacia las escuelas privadas menos conflictivas.

En general cuando se sube los costos de los negocios, por subir impuestos y sueldos, hay menos negocios.   En el caso chileno se agrega a esta generalidad las posturas políticas e ideológicas de su élite.

La corrupción, el desprestigio de la clase política, las doctrinas económicas enseñadas en las universidades y dominantes en el discurso público, complican aún más una situación ya complicada.

Pero hay un factor más de fondo todavía: Los alumnos dicen que quieren gratuidad en la educación, pero en el fondo lo que más quieren, y lo que más les conviene, es tener un buen empleo una vez que se gradúen, y no tener el fardo de deudas pesadas.  En general el pueblo chileno se ahoga en deudas, sean deudas por educación o deudas por otro motivo.

En fin, vista la realidad económica, los alumnos no pueden ganar su lucha, y aun si lo ganen, van a ser decepcionados porque al paso que vamos su título profesional o técnico no va a significar ni empleo ni alivio de deudas.

Por eso el debate es mal enfocado.   Es un debate sobre las reformas propuestas.   Debe ser un debate sobre cómo cambiar la realidad económica.

Socialismo, Riqueza y Dávalos. Por Raúl Octavio González

La relación de los socialistas con la riqueza tiene una historia más seria que la realidad patética  generada por la acción especulativa de una parte de la familia presidencial. Los socialistas utópicos del s. XIX tenían confianza en la modernidad, en la tecnología, en la ciencia y en sociedades con abundancia para todos. La época dorada estaba en el futuro dijo Saint Simon. Valoraban el trabajo y su rabia era con las clases ociosas, parasitas, herencias del régimen tradicional o poseedores del capital que se quedaban con la riqueza extrayéndola de las clases laboriosas, artesanos, artistas, científicos.   Poco después, Marx y Engels vieron en esa capacidad productiva del capitalismo su aporte a la historia humana aun bajo formas de explotación y alienación de los trabajadores. Pero sería una base para el surgimiento de una sociedad comunista, marcada por la abundancia, en que el reino de la libertad sucedería al reino de la necesidad y de cada uno se recibiría según sus capacidades y cada uno se le entregaría según sus necesidades. Ni el consumismo ni el ecologismo eran materias centrales.

Ya en el campo de los hechos, los socialismos reales de la URSS y de Europa Oriental se orientaron hacia el desarrollo de las fuerzas productivas y de la creación de riqueza  como objetivo supremo. Se percibían sociedades pobres y atrasadas y construyendo un atajo rápido y alternativo al capitalismo para devenir modernas y ricas. Ello se hace un corazón del socialismo real, subordinando otros objetivos que estaban en su ideario fundacional. La propia gestión de ese socialismo real introduce los años 50 y 60 del siglo XX el dilema y el debate entre estímulos morales (el ejemplo y la emulación) o materiales (premio monetario y grados mayores de desigualdad) para lograr que las conductas laborales cumplieran con las necesidades y objetivos de la planificación y superar al capitalismo en los niveles económicas.

Es un cierto socialismo latinoamericano bajo la influencia cubana, el símbolo ético del Che Guevara y algunas corrientes cristianas que connota al socialismo de austeridad, menos marcado por el desarrollo de las fuerzas productivas y la producción de riqueza y en que el valor de la igualdad, nunca ausente antes, adquiere un valor supremo. Quizás anunciando la emergencia y maduración de la crítica a la sociedad de consumo, al materialismo  y a la necesidad del crecimiento permanente. Rasgos similares se encuentran en experiencias de socialismo africano que buscan combinarlo con tradicionales estructuras campesinas comunitarias, como en Tanzania y Madagascar, y donde la modernidad y búsqueda de crecimiento y riqueza material se combina con la salvaguarda de formas de sociabilidad comunitaria como Gandhi las había valorado antes en la India.

Todo ello solo para decir que hay una historia larga y compleja en la relación entre riqueza, socialismo y socialistas. Pero ello nunca pasaba por la idea del enriquecimiento personal de un socialista. Eran juicios u opciones referidas al colectivo. Se trataba de una “doctrina pesada” que actuaba como un “contenedor” ético, histórico, a la búsqueda de un enriquecimiento personal. Parecía ser parte del ADN del socialismo y los socialistas pues aparecía opuesto al valor de la igualdad. Por algo, en el momento de su derrumbe los sistemas socialistas fueron desacreditados, con algo de caricatura, recurriendo a la figura de la existencia de unos jerarcas y elites que consumían buena parte de la riqueza que generaba ese sistema. Ello buscaba mostrar regímenes contra natura.

Eso es la pregunta que me parece esencial y es lo que parece que ha cambiado: la existencia de un Dávalos era también la inexistencia de ese entorno socialista contenedor que expresase una ética limitadora  de una vocación de enriquecimiento. En Televisión lo dijo hace un tiempo un diputado de esa corriente: se ha pasado de una distancia con el que está demasiado preocupado del enriquecimiento hacia el predominio de la visión que se es “un huevón” sino se aprovecha una oportunidad para serlo. En este caso, a través de una de las actividades más bastardas de apropiación de valor, juzgada así aun por defensores del capitalismo,  como es la especulación inmobiliaria. Si así fuese, Dávalos parecería ser menos una excepción, un mal hijo, y más el resultado de un nuevo ethos del socialismo en el poder.  Criatura, actor y sujeto de un desteñido socialismo del siglo XXI. Como ello no se puede decir transformándolo en ideología transparente -porque se llega donde se llega en nombre de otros valores e historia- se agrega una gran dosis de cinismo para superar el lastre de aquellos.

Así vista las cosas no cabe valorar su renuncia al partido; ni “valorar” la declaración de su patrimonio; ni valorar su renuncia a un cargo público.  Frente a ello cabe decir que el ideario socialista ha sido algo demasiado significativo en el debate y disputa sobre la modernidad para dejarlo en manos solo del partido que lleva ese nombre. Yo prefiero acusarlo por el descredito que le confiere a algunos de esos mayores idearios: mejorar junto a los otros y no a costa de los otros.